Por primera vez desde su detención, familiares y allegados de presos políticos en Venezuela pudieron este domingo ingresar al penal El Rodeo I, en las afueras de Caracas, donde desde diciembre de 2024 permanece recluido el gendarme argentino Nahuel Agustín Gallo. La medida, inédita en más de 18 meses, se da en medio de un proceso de excarcelaciones y bajo un clima de incertidumbre total por la situación del oficial.
La apertura de visitas se produjo tras meses de incomunicación y aislamiento absoluto en el centro de detención, que hasta ayer impedía cualquier contacto entre los reclusos y sus familias. Entre los afectados, además de Gallo, se encuentran opositores venezolanos y extranjeros detenidos por motivos políticos, según confirmaron testigos y organizaciones de derechos humanos.
La inédita autorización llega en paralelo a las liberaciones registradas en otras cárceles del país caribeño, como El Helicoide y Yare, aunque no hay listas oficiales ni certezas sobre quiénes serán los próximos en ser excarcelados. El régimen chavista suele notificar a los familiares apenas minutos antes de efectuar las liberaciones, trasladando a los detenidos en completo hermetismo hasta puntos discretos fuera del penal.
En el caso de Gallo, no existe una versión oficial que confirme su estado de salud ni las condiciones de su detención, y los familiares siguen aguardando noticias con gran angustia. La falta de información oficial ha mantenido en vilo a su entorno desde que fue arrestado, y hasta ahora ni cartas, ni llamados, ni encuentros habían sido permitidos.
Mientras tanto, desde Argentina el caso ha ganado atención diplomática. El Gobierno aseguró estar trabajando para lograr su liberación, calificando su detención como “arbitraria” y elevando el reclamo ante instancias internacionales.
La habilitación de visitas representa un cambio notable en el manejo del penal, pero la familia de Gallo sigue sin certezas y la expectativa por su liberación continúa en medio de una situación que combina tensiones políticas, reclamos de derechos humanos y presiones diplomáticas.







